top of page

La historia #Preemie de Paty y sus dos guerreros, Donatella y Luciano




Hola, soy Paty Hermosillo, tengo 29 años y soy mama de 4, Nicolás de 6 años, Emiliano de 3, y unos cuates de 1 año. Les voy a platicar sobre mis cuatitos al nacer.


Mis cuatitos son preemies. Nacieron de 35 semanas, Luciano peso 2,550Kg Y Donatella peso 2,270kg. Aunque tuvieron buen peso, al momento de la cesárea nació primero mi niña con un llanto hermosamente fuerte, la pegaron a mi cachete, la conocí, la besé y se la llevaron. Después nace Luciano, y ahí comienza todo, comenzaron mis nervios pues no lloraba, se pasaban los segundos y no lloraba, todo se volvió tedioso, noté a mi ginecólogo nervioso, haciendo movimientos con mi bebé. Fueron los segundos más largos de mi vida lo único que dije entre lagrimas y miedo fue “¿Dios dónde estás? Te necesito, ayuda a mi bebé” hasta que al fin, escuché su llanto, igual de fuerte.

El ginecólogo respiró y se lo entrega al pediatra e inmediatamente se lo lleva, Me asusté, “¿y mi bebé? ¿Dónde Está? ¿Por qué se lo llevan? No me lo pasaron… ¿qué pasa?”


Nadie me contestaba, insistí, hasta que mi ginecólogo me responde “Estará bien Patita. Se lo llevo su doctor esta en buenas manos”. Eso nunca es suficiente, me preocupé demasiado, y en eso comencé a sangrar y no paraban mi sangrado, pero le pedí a mi esposo que fuera con él, y él me dijo “¿segura? Tú me preocupas “, solo grite “corre con Luciano” y se fue, pues a la esposa histérica si le hace caso (😜un poco de humor).


A mí me pusieron un calmante hasta que desperté en el area de recuperación, donde duré 5 horas en observación por lo sucedido. 

Yo solo quería ver a mis bebés, a Luciano y saber que todo estaba bien, la pasé orando. Se me hizo eterno. 


Cuando me pasan a mi cuarto no quería ver a nadie, solo a mi bebé y habían todas las visitas familiares habidas y por haber no sabía cómo comportarme era inevitable esconder mi miedo, mis nervios y mi necesidad, le pedí a mi mamá que llamara y llamara hasta que me dijo que Francisco estaba allá con él, que no había regresado.


Después de unos minutos llega mi esposo y me enseña fotos donde esta en una incubadora y me explica que le están nivelando su temperatura y eso es todo, él está bien solo estaba muy frío, era común y así se resolvía. 


Me trajeron a mi niña, le di de comer pues ya con experiencia de otros dos bebes, no batallé gracias a Dios y la poca leche que me salía ella logró succionar perfecto.


Mientras pasaban las horas, de repente yo comencé a sangrar, me descubro de la sábanas y habían coágulos de sangre enormes, de unos 8cm de circunferencia apróx. juré que se me estaban saliendo los órganos, y comencé a sentirme desvanecida. Llegaron los doctores corriendo a ponerme medicamentos y se calmó. 


Más tarde llegó el pediatra, me comentó que Luciano no podrá salir hasta mañana, seguirá en observación, porque no quiere comer pues regresaba la leche.


Toda la noche comencé a sacarme calostro y mandarlo a cuneros para mis bebés, pero en la madrugada vuelvo a sangrar y me vuelven a medicar.


En la mañana siguiente amanezco mejor, me quitaron la sonda y me dicen que intente caminar solo si veo que ya no estoy sangrando, al parecer todo bien. 


Llegó Donatella.

Y Luciano sin llegar, seguía sin comer y en la incubadora. 

No me sentía bien, solo quería ver a mi bebé. 


Al medio día del segundo día después de mi cesárea, me levanté al baño ya sin sonda para bañarme, y en eso, comencé a sangrar terriblemente, literal en abundancia, un lago y pum, me desmayo. 


Desperté en la cama y estaban varios doctores, entre ellos mi ginecólogo viendo si llevarme a quirófano o que hacer, pues ya tenia hemoglobina de 5.2, mi ginecólogo resistía en operarme, y en eso afortunadamente llega el pediatra ¡¡¡con mi bebé!!!!  


Me lo entrega y me dice “no come y ya me preocupe se que no estás bien Paty, pero él te necesita, intenta pegártelo”


El hematólogo comenta que no cree que sea prudente que yo ya estaba muy débil y cualquier movimiento o esfuerzo podía hacerme sangrar y no quería eso, pero yo sin duda tomé a mi bebé y comencé en acción.


Fue increíble, enseguida comenzó a comer. Succiono tan fuerte que Me bajo la leche, él succionaba y succionaba y hasta quedarse dormido.


¿Y yo? Comencé con unos dolores impresionantes... ¡los entuertos! A todo lo que dan. Lloré del dolor pero a la hora mi bebé pidió más y le volví a dar, los dolores seguían no paraban, y como magia dejé de sangrar, pues la succión tan fuerte de Luciano generó que mi lactancia se desatará, y mando la hormona que se necesita para despertar mi matriz y ponerla a trabajar de nuevo, el pediatra dijo “¡Justo lo que él necesitaba! ¡Ya Esta comiendo al fin!”

Y mi ginecólogo respondió, “no, justo lo que ella necesitaba, y él lo sabía, esta era la solución y como no se mi ocurrió antes...Aguanta, ya vas a estar bien.” 


Y ahí se quedó Luciano en mis brazos el resto del día y las noches las paso conmigo, cada hora me pedía comer, y Donatella cada 3 horas. Los entuertos fueron horribles, literal una pesadilla de llorar pero aún así no superaban a lo que pudo haber pasado, fue un milagro, fue la naturaleza, fue Dios como siempre guiándonos, cuidándonos y amándonos. Y así hoy, aquí estoy disfrutando de su risa, su sonrisa, su amor y su vida! Y viviendo para contarlo.


Fotos propiedad de Paty Hermosillo

62 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page